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Notas sobre el evento

Mensaje por LEVI el Miér Ene 15, 2014 12:05 am

El día que aquel fenómeno apareció en el cielo toda la normalidad en el mundo se fue al infierno, aquella mañana el tiempo seguía su curso, sin embargo el sol jamás llego a iluminar totalmente el cielo, todos los telescopios voltearon a mirar aquella mancha en el cielo que consumía la luz del sol; inmediatamente cada importante astrónomo y astrofísico fue convocado para encontrar una explicación y más importante encontrar una solución, la noticia de la convocatoria seria repetida una y otra vez durante las primeras horas después que el fenómeno se hizo presente y eso fue todo, unas pocas horas después de iniciado el fenómeno la señal de los satélites se perdió, las transmisiones intercontinentales se perdieron, los gps fallaron, los teléfonos murieron, asi como la señal de televisión satelital, prácticamente todas las comunicaciones fallaron, incluso el internet tuvo fallos, las estaciones de radio y televisión que se podían recibir a través de antena aérea solo repetían la última información que habían recibido la cual ya era conocida prácticamente de memoria.

Solo por el reloj se podía saber cuánto tiempo transcurría, primero minutos, luego horas y así hasta que se completo el primer día, las escuelas fueron las primeras en dejar de dar servicio junto con los puertos aéreos y marítimos, enseguida las casas de bolsa evitando el desplome de los mercados de valores, después los bancos y casas de cambio. Los supermercados fueron vaciados a las pocas horas de haber abierto y nuevamente fueron vaciados el par de veces siguientes que fueron reabastecidos hasta que los camiones que debían resurtirlos no llegaron.

El agua embotellada, el azúcar, la sal, el arroz y comida enlatada comenzaron una escalada de precios casi al mismo tiempo que empezó el fenómeno, en tres días los acaparadores habían logrado amasar una fortuna que no les serviría de nada; las estaciones de radio y televisión fueron apagando su señal, la falta de noticias frescas sobre el fenómeno, la falta de personal operativo e incluso fallas en el suministro eléctrico fueron las explicaciones que dieron aquellas emisoras que pudieron o que quisieron dar explicación de su salida del aire.

Tres días, a solo tres días de que todo empezara el suministro eléctrico fallo, y el infierno se desato, eran alrededor de las dos de la tarde, la gente pendiente de radio, televisión o internet, al mirar por la ventana se podían ver luces en todas las ventanas y el alumbrado público encendido en su totalidad, pocos peatones y casi ningún vehículo, la mayoría de ellos cuerpos de emergencia, policías o ambulancias, la gente tenía esperanza que de algún momento a otro hubiera una noticia y que todo terminaría, pero la esperanza junto con la luz eléctrica se apago definitivamente, en menos de un segundo las calles quedaron en penumbra, en las casas no brillo ninguna luz eléctrica, y por un instante que pareció eterno todo sonido se silencio, nada, solo silencio.

El silencio precedió al caos, cuando el primer instante de confusión pasó, el fuego de la violencia se esparció por el mundo, pareció como si la ausencia de electricidad hubiese convertido a la humanidad en bestias sedientas de muerte. La mayoría permaneció en sus casa, asegurando las puertas y las ventanas lo mejor que pudieron, armándose con palos y cuchillos, los más afortunados con armas de fuego; y esperaron a que el milagro en forma de electricidad fluyera de nuevo, pero ese milagro jamás se suscitaría, por el contrario el infierno derribo sus puertas, cualquier defensa fue inútil, personas agrupadas en bandas de saqueadores; vecinos, gente normal cegados por el egoísta deseo de sobrevivir a costa de la vida de los demás, se lanzaron unos contra otros para saquear las escasas provisiones que cualquier otro tuviera. Policía, ejercito, ley, sociedad, cordura, se volvieron palabras sin sentido, pues toda institución creada para sustentar una sociedad requiere una mínima estabilidad y cuando un estado no puede garantizar condiciones mínimas de subsistencia a sus ciudadanos la sociedad cede el paso a la anarquía. Las instituciones encargadas de mantener el orden están integradas por individuos, por gente, con padres, esposas, hijos, familias; las lealtades se dividen, quienes aun creen en mantener un estado y un orden, aun a costa de su propia existencia se mantendrán firmes en sus labores, defendiendo un estado que se disuelve hora tras hora, estos son los menos. La gran mayoría intentaron volver a aquello que le da sentido a su existencia y que fue siempre su referente: su familia.

Las deserciones en los cuerpos de seguridad, se presentaron horas, incluso minutos de que ocurrió el fenómeno, aunque no en todos los casos. La disciplina militar del ejército evito que estas no ocurrieran sino hasta ya avanzada la primera semana de que la electricidad fallara, Los combustibles comenzaron a escasear tanto para los vehículos, como para los generadores, la escases de alimentos y la falta de noticias de las familiares ocasionaron que las deserciones se presentaran en los rangos más bajos del ejercito, minándolo lentamente y poco a poco, no solo en número de efectivos, sino también anímicamente.

Hacía ya casi tres semana que no había electricidad, veintiséis días en que la luz del sol no iluminaba plenamente la tierra, la lánguida luz del sol que en su momento más intenso recordaba un atardecer de tonos dorados no daba suficiente luz para sustentar la vida vegetal, las plantas estaban muriendo, las cosechas se habían perdido, el descenso de la temperatura por la falta de calor fue seguido por lluvias intensas e inundaciones, la humedad y el frio volvían todo mas difícil, pues las enfermedades también incrementaron la mortandad. En las ciudades las calles hedían con la pestilencia de la muerte, los saqueos, robos, y enfrentamientos por los escasos recursos habían dejado una gran mortandad, cuerpos humanos y animales arrojados a la calle, la gran mayoría habían sido dejados ahí donde habían caído destinados a pudrirse en la penumbra.

Tres hombres se escurrían por la penumbra de la calle, todos ellos con armas, los tres con chalecos antibalas, dos de ellos con uniforme policiaco, el tercero con ropa común, el primero guiaba a los otros, llevaba un equipo de visión nocturna, lo que le daba cierta ventaja al recorrer la penumbra, los relojes marcaban las veintitrés con doce, ellos podían distinguir algunas sombras moviéndose entre la basura y los cadáveres que se amontonaban en las esquinas, las ratas habían dejado las cloacas y sin depredadores que las controlaran estas se habían multiplicado alimentándose de carroña y desperdicios.

-Odio las ratas- Murmuro uno de aquellos hombres.

-Pues si no hallamos mas provisiones, para dentro de tres días estarás comiendo sopa de rata- Replico el que iba a la cabeza.

-Preferiría comerme mis zapatos que comer una maldita rata- Volvió a hablar el primero de ellos.

-Silencio los dos- dijo el de la retaguardia que vestía uniforme policiaco y que en el hombro derecho tenia pintado un catorce con tinta blanca, concentrémonos en lo que venimos a hacer, guarden silencio y nadie tendrá que comer ratas.

-El equipo Argentina encontró baterías de auto aun con carga la semana pasada, pero no encontraron comida- Volvió a hablar el hombre en ropa de civil, que en el chaleco antibalas llevaba pintado un siete.

-Las baterías son importantes, sin ellas no podríamos recargar estos- Dijo señalando el equipo de visión nocturna, el hombre al frente quien vestía de uniforme de guardia de seguridad privada y en el hombro y chaleco tenia pintado un numero cuatro.

-Digo, los equipos Tokio y Brazil no volvieron- Continuo el hombre con el número siete.

-Salir de los límites del cuartel es peligroso, todos lo sabemos, pero es cuestión de supervivencia- Interrumpió el catorce con tono de enojo – Y si no te callas, yo mismo me encargare de que no vuelvas a la base.

El hombre con el número siete guardo silencio y el trió siguió avanzado. Cuando el reloj estaba marcando las cero horas con ocho minutos el hombre al frente les señalo algo al final de la calle.

-Antorchas al frente, hemos llegado- El trió se junto a la entrada de un edificio.

-El equipo Tokio fu enviado aquí, a esta direccion y no regresaron, dijo el hombre en uniforme de policía con el numero catorce pintado, debe haber trampas y vigilancia, asi que debemos movermos con cuidado, apartir de aquí vamos por las azoteas.

El del numero catorce señalo la puerta del edificio, el civil con el número siete en la ropa se acerco y reviso, la puerta había sido derribada tiempo atrás, esta solo estaba sujeta por una bisagra en la parte inferior, con cuidado el del número siete la empujo, la puerta se abrió, pero en un punto el peso de la parte superior se salió de balance y la puerta cayó sobre la pared a su derecha, el ruido fue mínimo, pero en medio de una noche absolutamente silenciosa pareció resonar como un cañonazo. El siete entro cuidadosamente, el interior estaba obscuro, los otros dos montaban guardia afuera.

Esa zona hacia décadas había sido una céntrica colonia con edificios de departamentos, el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad la habían dejado relegada y algo descuidada, el conjunto de departamentos en que entraban era muy viejo, en la planta baja la puerta de entrada conducía por un pasillo hasta un pequeño patio central, de ahí podían dirigirse a cualquiera de los tres edificios de cuatro pisos que comprendían el conjunto. El número siete camino pegado a la pared buscando no activar alguna trampa o alarma, si es que alguien había tomado la precaución de ponerlas, para su fortuna no había ninguna, llego hasta el patio central, y desde ahí lanzo un corto silbido y en pocos segundos los tres se encontraron en el borde del patio central, el del número cuatro con ayuda de la visión nocturna escudriñaba las ventanas en busca de alguna señal de alguien que los estuviera vigilando, después determinar que no eran vigilados el trió empezó a subir la escaleras, siempre con la misma precaución, una vez que llegaron al techo estudiaron la forma de llegar hasta el perímetro que marcaban las antorchas, estaban a cuadra y media, lo más difícil iba a ser cruzar la calle para llegar a la otra cuadra. Al llegar a ese punto vieron que el edificio del otro lado de la cuadra era de una sola planta y junto a él un poste de alumbrado que quedaba justo en la esquina, engancharon una cuerda al poste de alumbrado y otra al edificio en que estaban y con precaución llegaron del otro lado. Tardaron medio hora más en llegara hasta el borde iluminado de antorchas, la observación inicial mostro que aquel perímetro marcaba el borde exterior de una zona que servía como refugio para algunos supervivientes.

-Me gustaba más cuando éramos cinco.- Dijo en un susurro el número cuatro sin apartar la mirada del objetivo a vigilar.

-Estoy de acuerdo, todo era más fácil cuando éramos más- Murmuro el catorce. –Pero ya sabes, no hay reemplazos solo hasta que quede uno y entonces se va con otro equipo.

Los tres guardaron silencio por unos segundos, ninguno de los tres se distraía de su vigilancia sobre aquel punto, algunas moscas comenzaron a revolotear sobre ellos.

-¿El equipo Italia habrá llegado hasta las antorchas? – Pregunto siete.

-Todos conocemos los procedimientos, los de Italia los conocían, quien no los sigue se muere, eso nos ha permitido sobrevivir hasta el día de hoy, además nuestro objetivo solo es conseguir información sobre estos refugiados, debemos saber cuántos son para planear como atacarlos y llevarnos sus provisiones.

-Esto no me gusta- Replico siete.

-si no tomamos sus provisiones estarás comiendo sopa de rata en unos cuantos días.

-No me refería a eso- Replico en un tono algo más alto, -ya notaron que hay algunas antorchas que están apagadas. Recién he visto que una de ellas se apago.

Cuatro se puso el equipo de visión nocturna y comenzó a revisar el lugar.

Otra antorcha se apago ante su mirada, los tres esperaron y no paso nada, nadie venia a revisar o a cambiar las antorchas, todos permanecían quietos y vigilando, por varios minutos nadie hablo solo se limitaron a mirar.

-Si el encargado de las antorchas en la base permitiera que una de ellas se apagase, el jefe lo colgaría en el pozo- Dijo el catorce – Y aquí estos idiotas las dejan apagar como si nada.

-Di lo que quieras, pero esto me da mala espina- Replico el cuatro que continuaba su observación con los lentes de visión nocturna.

-llamare su atención- Y el del siete se quito la mochila de la espalda y después de buscar saco un par de objetos, un petardo y una tabla corta con un elástico montado en ella, acomodo el petardo en la liga y la estiro hasta sujetarla con una pinza en el otro extremo, acomodo la tabla en el borde del edificio, apunto, encendió el petardo y lo disparo y volvió a su labor de observar.

El petardo voló y antes de que cayera al suelo exploto fuertemente, la explosión resonó en una multitud de ecos, por un instante los tres contuvieron el aliento pero nada se movió, el trió permaneció expectante por varios minutos, minutos en que todo siguió sin ningún cambio. Los minutos pasaron el reloj estaba marcando la una con cinco, el trió se alejo de la orilla hasta el centro del techo.

-Es una trampa- dijo secamente el catorce – Tokio debió enfrentarse a esta misma situación.

-¿Entonces?, ¿Qué hacemos?- Interrogo el cuatro.

-Volver a la base sin concluir la misión no es una opción- Dijo el siete.

-Entonces continuaremos- Ordeno el catorce

Los otros dos asintieron y los tres volvieron al punto de observación. El siete lanzo un suspiro y finalmente dijo - ¿Cómo continuamos?.

-Las antorchas marcan el perímetro de la plaza, esa iglesia a la derecha seria el punto más seguro, es una iglesia vieja, las paredes deberían ser gruesas y de roca solida, el punto ideal para un centro de comando, el detalle es que esta en el punto más alejado de la plaza y no hay edificio más alto y no podemos descolgarnos al techo.

-Podríamos rodear la plaza por los techos hasta la parte más cercana y observar desde ahí- Propuso el siete.

El trió se puso en marcha, para evitar ser vistos retrocedieron y desde ahí comenzaron a trepar por los edificios, cuando finalmente llegaron al edificio más cercano a la iglesia el reloj marcaba las dos con treinta y cinco, se arrastraron por el techo y se asomaron desde ese ahí tenían a la vista el patio trasero de la iglesia, al mirar, el trió quedo sin habla, del techo de la iglesia caían una enorme cantidad de cabos de los que colgaban cuerpos humanos. Casi al mismo tiempo los tres dejaron la orilla.

-Esos hijos de… han colgado a todos esos, seguramente ahí terminaron los de Tokio- Dijo catorce apretando los dientes.

-No, algo hay, hay algo raro, espera, déjenme ver- Siete se fue de nuevo a la orilla del edificio y asomo por la orilla, por un par de segundos, regreso con los demás, deben ser cadáveres frescos, es decir, Tokio desapareció hace cinco días, ahí enfrente el olor no es muy fuerte, quizás tengan uno o dos días.

-Puede ser que los ejecuten ahí y después los descuelguen y los arrojen a las alcantarillas, por eso no apestan. Reclamo catorce y continuo -Tenemos que vigilarlos, tenemos que obtener información para que no nos tomen por sorpresa cuando vengamos por ellos- hizo una seña para que tomaran posiciones. Ninguno objeto y se arrastraron hasta la orilla.

La vigilancia se mantuvo en silencio el reloj marcaba las tres treinta de la mañana y hasta ese momento ninguno de ellos había observado nada, solo las antorchas como se iban apagando. Con un chasquido de sus dedos Catorce llamo la atención del resto y todos gateando se reunieron en el centro del techo.

-¿Alguno de ustedes ha visto algo?- Interrogo catorce con una mirada de confusión.

-Negativo- respondió cuatro nerviosamente.

- No he visto ningún movimiento, he estado a punto de dormirme un par de veces, pues - Susurro siete y con un tono más enérgico -Insisto en que es una trampa.

El catorce gruño levemente –Yo también pienso que es una trampa.

-Si es una trampa. se tomaron mucho tiempo para montarla- remarco el del numero cuatro, simplemente observen, la plaza ha sido delimitada con barricadas muy resistentes, las puertas de los edificios han sido bloqueadas, incluso las ventanas, hasta la escaleras que llevan al techo de los edificios que rodean la plaza fueron cortadas, si recuerdan, el rodeo que tuvimos que dar fue muy largo para poder llegar hasta este edificio, esas son demasiadas molestias para una vulgar trampa.

-¿Entonces?, ¿Que dices?- interrogo el catorce.

-No lo sé - dijo el cuatro moviendo la cabeza- quizás alguien más se nos adelanto.

-Sea como sea debemos revisar el lugar, después de todo este es el asentamiento más cercano a la base y Tokio debió tener el primer contacto con ellos y no volvieron, así que debemos tener cuidado. Siete y yo bajaremos, tu mantén la vigilancia, no quiero que nos tomen por sorpresa.

El cuatro asintió con la cabeza y los tres comenzaron a revisar las armas y el equipo, unos minutos después el cuatro se aparto hacia una esquina, se acomodo el equipo de visión nocturna y monto su rifle sobre el borde del edificio, mientras tanto el del siete aseguraba una cuerda y se preparo para bajar, se coloco hacia el punto opuesto para tener la plaza vigilada.

Cuando el del siete estuvo listo comenzó a bajar por la cuerda, descendió por una esquina hasta que toco el suelo, reviso a su alrededor para asegurarse que no hubiera trampas una vez asegurado comenzó a avanzar lentamente arrastrándose por el suelo en busca de trampas, el avance fue lento hasta que llego a la esquina frontal de la iglesia, una vez ahí saco un señalador laser y la apunto al sitio de donde haba bajado, después siguió vigilando expectante mientras el del catorce descendía, al cabo de un par de minutos ambos se reunieron en la esquina.

-¿Por dónde seguimos?- susurro el recién llegado.

Siete permanecía acuclillado mirando a la calle, pensó por unos minutos, escogió un edificio de tres pisos, de su mochila saco un par de esferas de hierro mas grandes que pelotas de soft ball, con fuerza las hizo rodar para que cruzaran la calle, su sonoro rodar por la calle resonó haciendo eco en las paredes hasta que se detuvieron al chocar con la banqueta del lado opuesto de la calle, los nervios de sus compañeros estaban a tope, hasta que el ruido se detuvo y aun no había movimiento visible, con una seña, ambos cruzaron la calle por la senda donde cruzaron la bolas de hierro, hasta agazaparse junto a la puerta del edificio de enfrente, la puerta estaba abierta, el par de hombres se preparo, el del siete tomo nuevamente su mochila, de ella saco un par de objetos, primero unas pequeñas esferas de fuegos artificiales, las encendió y las arrojo al interior, ambos se agazaparon a los lados de la puerta, las esferas soltaron chispas muy brillantes de luz, cuando los fuegos artificiales se apagaron, ambos entraron, el siete sostenía su pistola en una mano y l flash de una cámara en la otra, aquel edificio había servido como oficinas hasta antes del fenómeno, ahora, los escritorios se habían desarmado y usado para tapiar las ventanas, tras avanzar unos pasos el del siete golpeo un par de veces el suelo y ambos cerraron los ojos y este activo el flash, enseguida los abrieron, esperaron reacciones, gritos, movientes, incluso disparos, pero no hubo nada, se acuclillaron, y esperaron, no paso nada, el del catorce encendió su linterna, y permaneció quieto, ahora con luz pudieron ver lo que había a su alrededor, recientemente lucía como si hubiera servido de dormitorios, cobijas, cartones e incluso unas cuantas colchonetas dejadas por el suelo, pero no encontraron a nadie, cada puerta fue abierta, cada rincón fue examinado, incluso el piso en busca de algún sótano, solo escondrijos donde había algunas provisiones, papeles, dinero, joyas, pero nada ni una sola persona, ambos hombres se reunieron al pie de la escalera, ambos se veían preocupados.

- ¿Dónde está la gente?.- Murmuro el catorce.

-No lo sé, pero esto me está dando miedo.- Dijo el siete mirando alternativamente a la salida y a su compañero.

-Sigamos, debemos tener respuestas- Murmuro el catorce.

-Mejor prendámosle fuego al edificio y larguémonos, de verdad, esto me asusta- respondió el otro

-Cállate, y sigue andando, nadie puede desaparecer sin dejar rastro.-

-Sí, claro, tampoco el sol puede dejar de brillar en el cielo, y llevamos tres semanas viviendo esa pesadilla- Dijo finalmente el siete mientras comenzaba a subir por las escaleras, mientras acendia examinaba cada escalón en busca de trampas.

Examinaron los siguientes pisos con resultados similares en el último piso hallaron una improvisada salida hacia el techo, cuando el par tomo la escalera hasta el techo el reloj marcaba las cuatro con diez, tras un examen rápido el siete se dejo caer en el suelo en una esquina del techo mirando al cielo, donde una mancha obscura suspendida en el cielo devoraba la luz de la luna y las estrellas. El catorce se acuclillo junto al hueco de la escalera, la silueta de la iglesia se distinguía a su espalda. Ninguno de los dos decía nada.

-Creo que debemos traer a un grupo de recolección con respaldo de unos equipos de choque, para revisar cada edificio dentro del área de la plaza y llevarnos lo que aun sea útil- Dijo el siete incorporándose para mirar a su compañero.

El catorce no se movía tenía una expresión seria, con la mandíbula apretada, permanecía en silencio, miro como el siete pasaba de estar sentado a comenzar a avanzar hacia él, agachado, al estar junto a su compañero le señalo hacia la iglesia, este se volteo y ambos miraron al punto donde estaba el del cuatro, los dos avanzaron hasta la orilla y miraron al edificio detrás de la iglesia, ahí vieron una pequeña luz parpadeando intermitentemente, catorce saco su lámpara y apunto al edificio, prendió y apago la lámpara en código de respuesta, sin embargo la luz en el otro edificio siguió parpadeando igual, ambos se miraron, el del siete tomo la cuerda de la mochila del catorce, la aseguro en la esquina y ambos descendieron hasta la calle, cruzaron con las armas listas a disparar, a medio camino se detuvieron, las luces montadas en las armas iluminaron el cuerpo del hombre que se había quedado vigilando, este estaba colgado por el cuello de las cuerdas que habían usado para bajar.

-Maldición, esos, esos hijos de. . . – los dos hombres apuntaban con sus lámparas a todas partes en aquel patio, iluminaron los techos, buscaban algún movimiento, detrás de ellos se comenzó a notar una luz que de a poco se incremento, a una seña del catorce el par salió de aquel patio, el hombre con el siete en el chaleco mantenía su vigilancia en la retaguardia, toda su atención estaba en eso, así que no vio cuando su compañero de detuvo e inevitablemente choco con su compañero que se había detenido abruptamente antes de salir a la calle, el siete, desde el suelo noto que el resplandor iluminaba totalmente la calle, se giro en el suelo y avanzo a gatas, se detuvo al ver que el edificio en que habían esta unos instantes antes ahora estaba envuelto en llamas.

Sin pensarlo más el hombre con el numero catorce corrió a la entrada de la iglesia, su compañero se levanto y lo siguió, delante de la puerta había apilados costales de arena que formaban un parapeto de algo más de un metro de altura detrás del cual no había nadie, ambos hombres saltaron sobre los costales sin pensarlo, cruzaron las puertas de la iglesia para enseguida cerrarlas detrás de ellos, después de asegurarlas con unos pesados maderos ambos hombres se sentaron recargados sobre las pesadas puertas de madera, solo hasta ese momento cayeron en cuenta que el interior de la iglesia estaba iluminado por una gran cantidad de velas, veladoras e incluso algunas antorchas.

El hombre con el número siete golpeaba la cabeza contra la puerta -Estamos atrapados, esos malditos nos tienen atrapados- murmuraba este.

-Esto no está bien- murmuraba el otro hombre – nunca vimos a nadie, no encontramos nada.

Por debajo de la puerta un liquido comenzó a filtrarse, casi enseguida el liquido se incendio, ambos hombres saltaron con las primeras flamas, el hombre con el catorce daba palmadas a su pantalón que se había impregnado de ese liquido y ahora estaba en llamas, el humo comenzó a filtrarse por los huecos de la puerta, el fuego se extendía por la reseca madera de la puerta.

Finalmente el del catorce pudo apagar el fuego en su ropa – Ven ayúdame a colocar esta banca para poder asomarme por la ventana-

Ambos hombres pusieron la banca a modo de escalera, el primero de ellos trepo hasta la ventana, con la culata del arma rompió el vidrio y se asomo, en la calle no se veía a nada, con un poco mas de esfuerzo se trepo al marco tratando de tener una mejor vista.

-¿Cuántos son?- Dijo con impaciencia el otro hombre que se mantenía vigilada la puerta
El del catorce forzó su cabeza contra el marco y solo alcanzo a ver lo que parresia una única silueta de un hombre bajo y regordete, el hombre en la ventana lanzo una maldición.

-¿A caso no te das cuenta de que estas en una iglesia?- Reclamo el siete.

-No me vengas con eso-

-Entonces dime cuantos son- reclamo con un grito.

-La calle esta vacía- Dijo el catorce con desesperación.

-Maldita sea, no juegues con eso, cuántos hijos de.., cuanta gente nos rodea- Grito con voz entrecortada.

-Creo que solo he alcanzado a ver a uno-

-No, no, no, no puede ser, no me mientas ¿cuántos hay afuera?-

-No hay nadie- Grito el catorce dejándose caer de la ventana para caer frente al siete –ahí afuera no hay nadie, quizás solo uno de ellos, ese debió prender la puerta.-

-No, no, no, no, no puede ser solo uno, deben haber más, siete podía hacerse cargo fácilmente de uno de ellos, siete no pudo haber muerto tan fácil, no sin pelear, debe haber más, debe ser una trampa, están jugando con nosotros. . . –

El hombre con uniforme de policía abofeteo al hombre con el número siete pintado en el chaleco – Cálmate, no importa cuántos sean, mientras estemos aquí dentro estaremos a salvo, la puerta resistirá por algunos minutos, si acomodamos las bancas frente a la puerta taparemos el paso, no podrán entrar y podemos enfrentarlos ahí, ¿está claro?.

El del siete simplemente asintió con la cabeza y entre los dos acomodaron las bancas frente a la puerta hasta una altura de metro y medio, unos metros más atrás apilaron mas bancas para usarlas como cubierta.

El del siete se levanto y camino hacia el lado opuesto del salón

-Regresa aquí, debemos estar preparados para cuando la puerta caiga- grito el del catorce.

-Debo revisar si no hay otra entrada, no me arriesgare a quedar rodeado- Dijo sin voltear mientras caminaba hasta la puerta que estaba a un lado del altar, la abrió sin mucha precaución, la puerta daba a un pasillo, estaba iluminado por velas y antorchas, con arma en mano el del siete avanzo con paso rápido, al final del pasillo este se dividía en dos, rodeando un patio interior, el hombre dudo que camino debía seguir, finalmente se dio la vuelta y regreso, estaba a unos pasos de la puerta cuando escucho gritar a su compañero y unos disparos, corrió con todas sus fuerzas, al entrar dirigió su mirada hacia la barricada de bancas, la puerta aun se consumía, haciendo danzar las sombras en el interior, nadie había cruzado. El del siete camino unos pasos, percibió movimiento en las sombras detrás de las bancas que habían puesto como resguardo, camino algunos pasos más y levanto su arma, al ver a su compañero se quedo inmóvil.

El hombre con el numero catorce se agitaba inútilmente, su brazo con que sujetaba el arma estaba aferrada por una mano pálida con uñas largas y negras, el uniformado tenía la cabeza echada hacia atrás una mano delgada y pálida tenia clavados sus dedos en las cuencas sangrantes del catorce, en su cuello expuesto esa criatura, tenia clavados sus dientes, la mordida debía ser muy intensa pues el cuello del catorce sangraba intensamente.

El del siete lanzo un grito de furia y tiro del gatillo de su arma, el hombre, aquello debía ser un hombre, no podía ser otra cosa, jalo hacia atrás el cuerpo del hombre marcado con el catorce y ambos cayeron al suelo y quedaron ocultos en las sombras.

El hombre marcado con el número siete comenzó a avanzar hacia la barricada, había avanzado un par de pasos cuando escucho detrás de él que algo se arrastraba, escucho un estruendo y algunas luces se apagaron, giro al mismo tiempo que se acuclillaba, las bancas y las crecientes sombras no le permitían ver el origen del ruido que seguía avanzando, se movió por el suelo hasta otro montón de bancas apiladas, un sonido silbante se escucho de nuevo seguido de un golpe, mas luces de veladoras se apagaron, el del siete se apoyo en las bancas y se levanto, vio a un hombre vestido, de lo que parecía cuero negro, incluso su rostro estaba cubierto por una máscara del mismo material que solo dejaba ver sus ojos, en los brazos tenia enredadas unas cadenas que arrastraba mientras caminaba, se detuvo, hizo girar una de las cadena por en cima de su cabeza para finalmente descargar un fuerte golpe contra las veladoras, extinguiéndolas y haciéndolas rodar por el suelo, el del siete se levanto, su arma apuntaba a aquel sujeto, el hombre de negro con las cadenas, lo miro, este al mirarlo azoto una y otra vez sus cadenas con furia contra el piso y para finalmente comenzó a reír a carcajadas, el siete nunca llego a jalar del gatillo, unas garras se le clavaron en el hombro derecho, el dolor le obligo a soltar el arma, la garra que lo sujetaba le hizo girar sobre sus pies y quedo de frente a su atacante, era un hombre, era el mismo hombre pálido que había atacado al catorce, una sonrisa macabra mostraba unos dientes que habían sido limados hasta quedar afilados y puntiagudos, una mano con unas falsas garras forjadas en hierro sujetadas a los dedos con anillos, le sujetaba fuertemente la mandíbula, el siete no pudo reaccionar pues algo le golpeo la cabeza y perdió el sentido.






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