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La leyenda de Metroum

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La leyenda de Metroum

Mensaje por chibinina el Miér Sep 07, 2011 3:36 pm

Cap. 1: Entre el sueño y la pesadilla.

En el año 175, posterior a la llegada de los hombres al planeta de Metroum, los reinos al fin habían alcanzado su apogeo. Las riquezas minerales del lugar estaban rindiendo sus frutos y los heraldos de los vientos, más comúnmente llamados jinetes de dragón servían de caballería para los grandes terratenientes. Sin embargo todo este placentero panorama, estaba a punto de cambiar…

***

El reino de Keisen, mejor conocido como el reino de los hombres, es uno de esos lugares que a todo el mundo le encanta visitar más no quedarse. La razón es que al rey del lugar se le ha señalado como lunático, pero la verdad es mucho más reveladora, dado que el joven monarca fue imbuido con uno de los poderes más antiguos del mundo de Metroum, el de poder manipular la realidad. Claro está que este don tan poco común no es algo que pueda operar a gran escala, sin embargo, en los lugares del reino donde existen yacimientos del cristal tornasol oniris, la habilidad del rey se ve incrementada de forma impresionante.

Realmente todo esto tiene una explicación racional, cuando el rey Kaleb tenía diecisiete años, él y su hermana enfermaron gravemente. Los sabios, curanderos y hechiceros del reino, no sabían a ciencia cierta que provocaba el malestar, ni mucho menos como curarles. Por ese entonces, la hija de la princesa Manare tendría unos seis años y el hecho de no poder acercarse a su madre le pesaba en el alma. Su maestro, el concejero y mejor amigo de su tío Kaleb, el tecnomago Mourice era quien la estaba instruyendo en los secretos de los cristales de Metroum. Él era quien le explicaba que todo poder y tecnología del reino era alimentada por una de estas piedras. Así fue como la pequeña Nina, hizo la pregunta que cambiaría el destino de los reinos para siempre.

- Maestro – Le interrumpió la pequeña – Sí estos cristales son tan poderosos, ¿No podrán ayudar a mami y al tío?...

La simpleza del razonamiento infantil dejó anonadado al joven consejero, ¿Cómo no se le había ocurrido antes?, nuevamente miró los ojos oscuros de la niña y sonriendo dijo.

- Creo, que serás una gran monarca llegado el momento – Esas palabras hicieron sonreír a Nina – Pero por ahora, solo dedícate a jugar y reír – Y con esto empezó a hacerle cosquillas a la pequeña, quien no pudo aguantar el ataque y dejó que un torrente de carcajadas escaparan de sus labios.

Pasado unos minutos, la voz dulce de una mujer les interrumpió.

- Tal parece que no se les puede dejar solos – Aunque el tono parecía severo, al volverse tanto maestro como discípula, admiraron la sonrisa de Binicia, la dama regordeta y de rostros apacible que cuidaba de la niña.

- Disculpe el comportamiento – Pronunció Mourice avergonzado. Binicia solo negó con la cabeza, sabía que el joven maestre era bastante capaz a la hora de enseñar, pero la pequeña siempre lograba que todo el mundo olvidara sus responsabilidades y tomaran la vida como un juego.

- No se preocupe joven – Aseguró sonriente – Solo he venido, porque ya es la hora del baño de la señorita – Al escuchar aquello, Nina se lanzó del banquito donde yacía sentada con su maestro y corriendo le tomó la mano derecha a su nana.

- Bueno, pero esta vez quiero burbujas moradas – Decía feliz, mientras la mujer pensaba para sus adentros.

- “Aquí vamos de nuevo, mas horas de juego” – Pero aún así partió feliz con la infante.

Cuando Mourice estuvo a solas, volvió a pensar en la idea que le había brindado la princesita. Realmente dudaba que a alguien más se le hubiese ocurrido que el poder de algún cristal sirviese para curar la enfermedad de los príncipes, pero ahora que lo meditaba en frío, recordaba que hace muy poco el viejo Daeron le informó su último hallazgo, un yacimiento de un cristal tornasol. Según el anciano hombre, este mineral era diferente a cualquiera que hubiesen conocido, su energía parecía alterar todo aquello que tocaba, como si su sola presencia pudiese cambiar el destino de las cosas.

- Sí esa piedra es tan poderosa, quizás pueda salvarle la vida a los príncipes – Exclamó convencido, mientras se encaminaba hacía una saliente del castillo, que parecía conducir a un balcón que no tenía barandal, pero apenas se posicionó en la saliente esta se despegó de la estructura y empezó a levitar por sobre los terrenos – Esperó que Daeron me pueda ayudar – Decía el joven – Y también espero que la idea sea más que una simple hipótesis.

***

Mourice, levitó por encima del gran bazar, un conjunto de tiendas que se elevaban una al lado de la otra como harenes del desierto. Cada mercader contaba con la ayuda de un robot de despacho. Los robot de despacho, era la última idea de los gnomos, ellos les llamaban golems de hierro, pero para los hombres, eran simplemente maquinas que les facilitaban la vida. Así fue como una voz alegre llamó su atención.

- Gran maestre Mourice – El aludido miró a todas partes, hasta que divisó a un enano ataviado en un traje negro como la noche.

- Pero si es mi buen amigo Uris – Saludó el hombre - ¿Cómo estas joven guardia de las sombras?

La guardia de las sombras era la caballería enanica más formidable del reino de la piedra de acrilum, cuya capital se encontraba en el centro de la montaña del mismo nombre, donde grandes yacimientos metálicos eran explotados cada día, para forjar las mejores armas y armaduras de todo el mundo, pero la verdadera razón de que estos equipos fueran prácticamente indestructibles, se debía a la presencia del cristal verde de acrilum, que generaba con su brillo un escudo casi imperceptible de día y algo espectral de noche. Para un enano ser miembro de la guardia era el honor más grande al que podía aspirar, además de que solo los más bravos guerreros y los más leales al reino portaban las vestiduras de ébano.

- Pues bastante preocupado – Respondió sincero el enano – Ha llegado hasta mis oídos, que tu reino ha sido alcanzado por la desgracia – Tras decir esto, Uris dejó que su propio circulo levitatorio se elevase hasta emparejarse con el de Mourice.

- Tampoco seamos tan dramáticos Uris – Le recriminó el concejero – Simplemente, los príncipes están enfermos…

- ¿Y la pequeña heredera? – La pregunta hizo sonreír al hombre. Cómo era posible que hubiese olvidado lo obvio, pero al entender la preocupación del enano respondió.

- Tu ahijada está bien Uris. – Le aseguró – Es más, ella misma me encomendó una misión.

Al escuchar aquello el guardia no pudo evitar que su curiosidad le ganara.

- ¿Una misión? – Repitió interesado - ¿Qué misión? – Quiso saber.

- Pues la verdad, es más una idea que una misión – Se corrigió el erudito – No se si estaras enterado de que Daeron, el presidente de la academia de investigación encontró hace poco una mina de un cristal tornasol – Al escuchar aquello Uris tan solo se cruzó de brazos.

- Daeron es buen tipo – Empezó – Pero esta algo loco el pobre… - Mourice no pudo reprimirse de enarcar una ceja.

- Pero, ¿Eso a que ha venido? – Le preguntó sin tapujos.

- Bueno, de que a lo mejor esa piedrecita que el asegura que es un cristal, no es más que hielo de las estepas del olvido – La risotada de su interlocutor no se hizo esperar.

- Vamos Uris – Exclamó divertido – No me digas, que aún estas molestó por aquella ocasión en que potenció el poder de tu cristal y pasaste de color verde toda una semana… - Aunque intentaba reprimir la risa, le era realmente difícil.

- Nada de eso, sabes que no soy rencoroso – Aseguró el guardia – Simplemente me preocupa las consecuencias que puede acarrear un descubrimiento de Daeron y más si estamos hablando de la salud de los príncipes de la ciudad humana.

- Como ya te dije Uris. Simplemente voy en plan de reconocimiento…

- Aún así voy contigo – Le informó el enano – No me fio de ese loco – Mourice simplemente se limitó a negar con la cabeza, aunque aceptó de buen agrado la compañía del joven guerrero.

***

La oficina de Daeron era un enorme cuarto lleno de una basta variedad de muestras extrañas, que flotaban sobre pequeñas plataformas a unos pocos centímetros de la columna que le servia de soporte y que estaban resguardadas por cúpulas labradas en cristal saviour, otro de los tantos minerales poderosos del reino, cuya utilidad para la investigación era infinita, dado que este mineral estudiaba los componente de cualquier objeto que se hallase en su interior, ahorrándole a los científicos una gran cantidad de trabajo. Y en medio de todo este caos ordenado, se encontraba el viejo presidente de la academia, ataviado con una túnica color ocre y una visera de la cual pendía una enorme lupa que portaba en su parte superior una bombilla de cristal de luz. El hombre estudiaba con el seño fruncido la pieza de cristal tornasol, mientras discaba en el aire una serie de datos que pasaban a formar parte de la data del complejo.

Apenas Uris y Mourice se internaron en la sala, el científico empezó a parlotear, despreocupado creyendo erróneamente que se trataba de su ayudante Jeinex.

- Realmente, mientras más estudio está piedra, más fascinante me resulta – Confesaba emocionado – Pero aún así, espero que me hallas traído el polvo de rubí que te encargué, dado que estoy seguro que la influencia vibratoria de la piedra, altera directamente las ondas alfas del cerebro. Por lo tanto, sí uso la cantidad adecuada de polvo de rubí demostrare fehacientemente que esta piedra es un portal hacia el mundo de la creatividad proyectada a través de los sueños – Justo al terminar su diatriba se volvió para darse cuenta de que no había polvo de rubí, dado que quienes le acompañaban no era ninguno su ayudante. – Por las maquinaciones de los antiguos terrícolas – Clamó - ¿Qué hacen ustedes aquí?

- Sí, si Daeron, también es un placer verte – Soltó con sorna el enano, pero de inmediato Mourice se adelantó.

- Quería saber que has descubierto de interesante en el nuevo cristal – Pero al ver la renuencia en el rostro de la anciano, respiró profundo y procedió a sincerarse – Mira Daeron, yo no pienso robarte tu descubrimiento, pero como sabrás los príncipes han caído enfermos y lo peor del caso es que ambos lo hicieron justo en las fechas de la coronación de la princesa Manare – Le informaba como si eso no fuese de conocimiento público – Así que se me ocurrió – El carraspeo por parte de Uris, lo hizo corregirse – Quiero decir… Se le ocurrió a la pequeña Nina, que tal vez una de las piedras pudiese ayudarle en su recuperación y puesto que se que ninguno de los minerales tiene ese poder, mi última esperanza recae en tu descubrimiento.

El anciano guardo silencio unos instantes. La verdad el no sabía si aquel pedazo tornasolado que asemejaba una estalagmita de hielo siendo bañada por los rayos del sol, podría contar con aquel poder, pero según sus descubrimientos las vibraciones que emanaba parecían afectar la psiquis humana. Con algo de reticencia el viejo comentó.

- No estoy seguro de si pueda ayudar o no a los príncipes, pero… - El breve silencio que siguió a aquello, alteró a los dos visitantes, principalmente al guardia de la sombras, quien exasperado le apremió a continuar.

- Vamos viejo termina, ¿Pero qué?... – La mirada severa del investigador no amedrentó el temple del robusto hombre, sin embargo Daeron continuó.

- Pero he comprobado que si afecta de alguna manera el organismos, así que podríamos hacer una prueba…

- ¿Estas seguro? – Preguntó Mourice, lleno de júbilo.

- No estoy asegurando que vayamos a tener éxito – Le recordó el anciano – Pero de que se puede intentar, se puede…

Unos pasos presurosos que resonaron en la entrada les llamó la atención, el joven Jeinex yacía agitado y con la respiración entre cortada, producto del apuro que representó el conseguir el polvo de rubí suficiente para su señor. Cuando los ojos del pequeño se enfocaron en los visitantes, se irguió rápidamente y comentó.

- Maestro, he conseguido lo que me encargo – Dijo mientras mostraba el saquito que asía firmemente en su puño izquierdo.

- Que bueno que has regresado Jeinex, porque así me ayudaras con los preparativos – El joven de doce años, miró a su tutor dudoso.

- ¿Preparativos? – Repitió - ¿Qué preparativos?

- Los preparativos, para llevar acabo un experimento en palacio, claro está – Respondió el viejo hombre, como si aquello hubiese sido desde siempre parte del itinerario del día.

- ¿Un experimento? Y ¿En palacio? – Contra todo pronostico, aquello pareció reavivar el interés del niño, por lo que de inmediato se puso a la tarea de recolectar todas las cosas que su señor le indicaba. Mourice y Usir miraban la escena entretenidos, aunque ambos se encontrasen inquietos por la situación.

***

No fue hasta que el sol se encontraba en el ocaso, que Mourice retornó a palacio seguido de su comitiva. La pequeña Nina jugaba alegre en medio del salón del trono, cuando las puertas se abrieron, dando paso al grupo. Apenas la niña divisó a su padrino salió corriendo y le estampo un abrazo. Uris simplemente la alzo por sobre su cabeza disfrutando de la enorme sonrisa que ella le regalaba.

- Por todos los dragones Nina… Sí estas grande – Exclamó sorprendido, recibiendo como respuesta las risitas de la princesa.

- Sí, lo se – Aseguró su ahijada – Binisia dice que crezco un centímetro cada siete soles.

- Pues de seguir así me dejaras atrás muy pronto…

- Eso no es un gran reto – Destacó Daeron, ganándose una mirada de odio por parte del guardia de la sombra – Sin embargo, sería bueno ambientar el salón para nuestro experimento.

- Padrino, ¿De qué habla ese señor? – Quiso saber la niña con visible curiosidad, pero fue su mentor quien le respondió.

- Recuerdas la conversación que tuvimos hoy – Nina asintió – Pues, apenas te retiraste a tus asuntos de la tarde… - La niña rió.

- Solo me fui a bañar… - Destacó sin tapujos, haciendo que el joven sabio se sonrojase.

- Bueno, el punto es que fui a buscar a Daero, ya que él ha descubierto un nuevo cristal que a lo mejor podría ayudar a los príncipes.

- ¿En serio? – Los ojos de la pequeña brillaban llenos de esperanza. Por lo que el viejo presidente del gremio de investigadores decidió desinflarle un poco el entusiasmo.

- Así es señorita, pero no le aseguro triunfo alguno – Nuevamente Uris le miró molesto.

- No lo oigas Nina, la esperanza es lo último que se pierde – Agrego sonriéndole. Mientras que el viejo solo rodo los ojos hastiado.

Mourice abandonó el saló para poner a todos en el palacio al corriente de lo que se iba a suceder en el interior de aquella fortificación. Pronto, varios grupos de sirvientes ayudaban a trasladar a los príncipes al medio del salón del trono, donde Jeinex y Daeron, habían dispuesto una serie de artilugios parecidos a atrapa sueños, pero que cuyo tejido lo hacían hilos de energía emanado por el cristal y que al final desembocaban en dos pequeños rayos que caerían sobre la cabeza de cada uno de los monarcas.

Ambos príncipes fueron colocados bajo el haz de luz al mismo tiempo, la reacción a nivel retinal fue inmediata, es más el color de la piel iba mejorando cada segundo. Hasta que inesperadamente el fragmento de oniris se resquebrajó y la risa histérica de la princesa resonó en el cuarto.

- Todos ustedes morirán bajo mi mano, cuando la noche llegue y la luna se tiña de sangre empezará la cuenta regresiva hacia el mundo de mis pesadillas – La mirada horrorizada de los presentes y la extraña tensión en el aire, era lo único que reflejaba algún tipo de reacción. Hasta que la voz de Kaleb le interrumpió.

- Pues lo siento por ti hermana, pero yo no permitiré que eso ocurra – Y como si siempre hubiese podido recrear la realidad, el hombre creo una rampa bajo los pies de la mujer conduciéndola hacia el interior de un oscuro calabozo.

A partir de ese día Kaleb fue el rey de los hombres y el encargado de velar por la seguridad de Nina, la niña nunca recriminó la acción, siempre supo que aquella había sido la mejor opción.

***

Y así pasaron los años, doce para ser exactos. Una joven mujer se revolvía en medio de sus sabanas, afuera la noche se pintaba oscura, hasta que un brillo rojizo baño el valle, la muchacha se despertó sobresaltada y bañada en sudor. No recordaba muy bien lo que había estado soñando, pero unas palabras se reprodujeron en su boca.

- Ha llegado el día, debemos impedir que las pesadillas se apoderen de Metroum – Y como llevada por una extraña fuerza levanto la mirada y observo la luna sangrienta en el horizonte.

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Re: La leyenda de Metroum

Mensaje por Ginriu el Miér Sep 07, 2011 9:38 pm

Muy buen inicio, tambien bueno el detalle de los usuarios disfrazados de personajes.En general estuvo bueno, pareciendose al comienzo de una novela cualquiera.


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Re: La leyenda de Metroum

Mensaje por yeztli el Sáb Oct 15, 2011 3:48 pm

No había leido esto y me parece muy bueno ¿No piensas continuar?
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Re: La leyenda de Metroum

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